Lo importante no es quien habla, sino quien escucha. Leo

domingo, 31 de julio de 2016

Gracias Viejo!

           Jamás me dijiste “al que madruga Dios lo ayuda”, sin embargo desde que tengo uso de razón te recuerdo despertando al sol con un mate en la mano.
Siempre fuiste ejemplo, sin discursos.
Peronista!, de Perón. Tal vez no tanto por compartir los ideales, sino porque “El General” en su época, te dio la dignidad más grande que para vos podía tener un hombre… el trabajo. 
Nunca falto la bandera Argentina colgada en la puerta de tu casa, esa que construiste con tus manos y tu sudor… (Pobre de aquel que se atreva a poner un ladrillo más, después que vos).
Y como no ibas a ser patriota? Si hasta granadero fuiste!
Hombre de campo, amansador de caballos, Correntino y gran jugador de truco (por amor y más por dinero).
Bolichero, eso sí, siempre de cliente. Aún recuerdo el viaje a capital, cuando me pregustaste si tenía ganas de tomar una “Cindor”. Por supuesto! dije yo. Y al entrar en vaya a saber que bohemio bar de Buenos Aires, el pulpero con vos ronca dijo: “Jo Jo Jo! como anda Don Vallejos tanto tiempo?”.
Jamás negaste una herramienta de trabajo a quien la necesitara, siempre confiaste por demás en las personas, tu corazón, tu palabra y nobleza, no eran, de estos tiempos.
Con sexto grado, te dedicaste a que yo estudie, me incentivaste enseñándome los números con la cinta métrica, y hasta te quedaste despierto con punzón y papel glasé coloreando unas letras, cuando este mocoso insolente, se dio por vencido en una tarea de primaria, solo para demostrarme que “se podía”.
Fuiste albañil y aun hoy lo seguís siendo seguramente. Tragicómicamente en tu despedida, te imagine diciendo, que aquel lugar estaba en “falsa escuadra”.
Lo único que siempre dijiste, y que jamás voy a olvidar, es que: “Lo más importante es poder mirar a todos a los ojos, y no tener que ocultarse”.
Gracias viejo, Buen viaje…