Todos en nuestra vida, tenemos algún momento de glorioso en el deporte.
Que yo diga que mi vida fue siempre
ligada al deporte, es seguramente una obviedad imperceptible. El
deporte (por sobre todo el fútbol) y yo, siempre recorrimos la
misma avenida.
Quien no conoce las clásicas fotos de
los niños posando con la pelota debajo del brazo? O con su pierna
más hábil sobre el balón?
Yo sacaba esas fotos...
Pero cuando jugaba, tenia guantes en
los pies…
Es que el club del barrio estaba
complicado económica y financieramente. Para los partidos
repartíamos un solo uniforme, entre los siete jugadores. Y a mi me
tocaron los guantes…
Yo no era arquero. Siempre me llamaban
para jugar de 5… de 5 de la tarde a 6.
Los Partidos en mi barrio empezaban a
las 4 de la tarde y terminaban a las 5, nunca entendí el por que.
Por suerte, siempre fui impuntual y llegaba 5 minutos antes, jugaba 3
minutos… Haaaaa, pero que tres minutos!!!... aunque no podía
correr muy rápido con los guantes en los pies…
Como escribí mas arriba, todos en
nuestras vidas tuvimos alguna vez un momento de gloria en el deporte.
El mio fue en el clásico del barrio y
aun recuerdo ese momento glorioso.
En aquellas épocas, había dos clubs
de barrio, los Tintos por un lado, y el mio... Defensores de la
Quilmes (el nombre verdadero creo que nunca lo supe, por que a
ninguno de los dos le iba muy bien en el ábaco, por eso, ni siquiera
tenían los nombres o escudo alguno en la institución. Tampoco
importaba mucho)
Se organizo un partido a fin
de año, el que ganaba era el mejor de ese año. Para el gran derby
se convino una cancha neutral. Después de tres días de largas
negociaciones, asados mediantes, el ganador del torneo de truco
decidió utilizar el estadio de la Graciela Jiménez...
La canchita, que no era mas
que un baldío ubicado detrás de una precaria escuela (“La
Graciela Jiménez”) era zona de guerra. Las inclemencias del tiempo
y el paso de los caballos, le habían dado cierta irregularidad y
orfandad de cedped en algunos cuantos lugares de la cancha. Las
pequeñas piedras, llamadas cascotes por los lugareños, desprendidas
del antiguo paredón de la escuelita, estaban dispersas por todo
lugar, como pequeñas trampas mortales para quien, en alguna pelota
dividida, cayera inconciente y desplomado al suelo como solía
ocurrir.
Nunca se reunió tanta gente
en la Graciela Jiménez, ni cuando Cafiero tenia allí su
unidad básica!
El Carnicero del barrio, Don
Julio, ofreció un asado completo para el ganador del match! Y hasta
mandaron hacer un trofeo con la figura de un perro en bronce. No por
que todos eramos uno perros, la figura canina representaba a Pipo, el
perro callejero del barrio, conocido y adoptado por todos (en
realidad tenia varios nombres, pero el mas utilizado era ese).
Aquel domingo de gloria,
había autos estacionados al rededor del campito, algunos fueron
temprano para calcular la sobra del paredón y hacerse un asadito en
la previa del partido. Las familias del barrio se hicieron presentes
con sillas y mates. La Graciela Jiménez izó la bandera y utilizo el
equipo de audio de la escuela (un tocadiscos de ultima generación,
que tenia hasta radio!!).
Todo estaba dado para pasar
un domingo maravilloso. Y Así fue, por lo menos para mi...
Nunca saque tantas fotos en
mi vida!
Dedicado a mi amigo Nazareno Robilotta. Que la fuerza del Flash te acompañe!!!
