Quizás fue el destino, traicionero puñal,
que los haya puesto
frente a frente otra vez.
Dura fue su templanza
hasta hoy, una noche cualquiera,
Cuando su propia
prohibición de mantenerla alejada,
Parecía hacerse
pedazos frente a esa piel morena, de fino y sensual cuello.
Soñó y sufrió este
momento, aquel, que en una noche cualquiera, se presentaría su deseo prohibido,
y no en un sueño.
Aquel que su dolor
causo cuando la tuvo, pero más aun cuando la dejo.
El deseo prohibido no
es para cualquier voluntad,
y al verla allí, su
mirada temblorosa no podía desviarse, como si una fuerza del mas allá las
atrajera.
Ella esperaba allí,
con su boca cubierta, aquella que contenía el mar de sus caprichos, sus sueños,
su diversión, su hombría.
Ella, que en una noche
cualquiera, formo parte de su vida, y que una noche cualquiera decidió
prohibirse.
Su piel de luto, al
calor de esa noche cualquiera, fue suficientemente tentadora para que el se
preguntara:
Será mi acto cobardía,
romper de un beso prohibición tan cruel?
O será que solo un
valiente, emprende el camino de los deseos, aunque estos le sean prohibidos?
Y así fue, que con sus
manos temblorosas de impaciencia, sé abalanzo sobre esa figura oscura de cuello
refinado, que empapada en sudor
lo esperaba impaciente para que su boca descubriera.
Y así, rompió el
carnet de alcohólicos anónimos, y disfruto del placer de una cerveza fría
en una noche
cualquiera....

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